Desde hace tiempo estaba por iniciar un blog de opinión personal, pero "la falta de tiempo" (siempre "la falta de tiempo", es una excusa para inmovilizarse), entre otras cosas, me impedían arrancar.
El nombre del blog: Venezuela Shock Wave. La verdad, desde siempre he sido reacio a usar modismos o tecnicismos en lengua extranjera, pero esta vez decidí pasar por encima de este hábito o convicción. Total, ya "shock" forma parte de nuestro lenguaje como un barbarismo (wave, la verdad no). Ya veré luego si funciona. En español (shock wave), significa onda de choque. ¿Venezuela Onda de Choque? Pues sí, para ella misma y para sus alrededores (ámbito internacional). En eso no hemos convertido, en una onda de choque. Algunos le temen a esta onda y prefieren esconderse en su silencio y omisión, otros son parte de esta onda, otros tantos no se deciden a entrar en esta onda porque sencillamente no se sabe adónde le va a llevar.
En lo personal, al ver a esa muchachada enfrentando al Monstruo estatal en su propio terreno, me he sentido un cobarde. Alguien, escribía en estos días en su facebook, que ya había pasado su etapa universitaria, que ahora tenía nuevas responsabilidades (un esposo y cuatro hijos pequeños), pero que desde las redes sociales, ella (porque es mujer), no dejaría de publicar la historia de los caídos. Sé que es una mujer valiosa y nada cobarde, pero la vida familiar le ha puesto límites. Pude aplicármelo a mí, pero no me funcionó. En tiempos atípicos, las decisiones atípicas son casi un imperativo moral. Pero, admito, para la persona, no es fácil definir los límites de esa extraordinariés. Pedir luces, orar y orar, para luego actuar, parece ser una manera sensata de salir de las dudas. Soy católico y no quiero (y no puedo) dejar al Jefe Supremo (el verdaderamente Jefe y Supremo, dicho sea de paso) fuera de todo este rollo.
Lo voy a dejar hasta aquí, porque si no terminará siendo un ensayo y no es la idea. Sólo espero, con este nuevo blog convertirme en una hebra más de la onda del recordado David.
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